domingo, 2 de septiembre de 2007

El Gran Dictador

Continuemos para que las almas sigan ganando alas y no dejemos de volar tras la luz de la esperanza.

Aquí va algo de Charles Chaplin:



"Lo siento mucho, pero no pretendo ser un emperador. No es ese mi oficio. No pretendo gobernar ni conquistar a nadie. Me gustarìa ayudar - si es posible - a los judìos, a la gente.. a los negros y blancos. Todos deseamos ayudarnos los unos a los otros. Los seres humanos somos asì. Deseamos vivir para la felicidad del pròjimo, no para su infortunio. ¿Por què habrìamos de odiarnos y despreciarnos? En este mundo hay espacio para todos. La tierra, que es generosa y rica, puede proveer a todas nuestras necesidades. El camino de la vida puede ser el de la libertad y la belleza, sin embargo nos extraviamos. La codicia envenenò el alma de los hombres.. levantò en el mundo las murallas del odio..y nos ha hecho avanzar a paso de ganso hacia la miseria y la muerte. Creamos la època de la velocidad, pero nos sentimos enclaustrados dentro de ella. La màquina, que produjo abundancia, nos ha dejado en la penuria. Nuestros conocimientos nos hicieron escèpticos; nuestra inteligencia, empedernidos y crueles. Pensamos demasiado y sentimos bien poco. Màs que màquinas precisamos humanidad. Màs que inteligencia, precisamos afecto y ternura. Sin esas virtudes, la vida serà violencia y todo estarà perdido. La aviaciòn y la radio nos aproximaron mucho màs. La propia naturaleza de esas cosas es una apelaciòn elocuente a la bondad del hombre, una apelaciòn a la fraternidad universal, a la uniòn de todos nosotros. En este mismo instante mi voz llega a millones de personas en el mundo, millones de desesperados, hombres, mujeres, niños, vìctimas de un sistema que tortura seres humanos y encarcela inocentes. A los que me pueden escuchar les digo: "¡No desesperen!". La desgracia que ha caìdo sobre nosotros no es más que el producto de la codicia en agonìa, de la amargura de hombres que temen el avance del progreso humano. Los hombres que odian desaparecerán, los dictadores sucumbiràn y el poder que arrebataron al pueblo ha de retornar al pueblo. Y asì, mientras mueran hombres, la lucha por la libertad nunca perecerà. ¡Soldados! No os entregueìs a esas brutalidades que os desprecian, que os esclavizan, que reglamentan vuestras vidas, que dictan vuestros actos, vuestras vidas y vuestros sentimientos. ¡No sois màquinas! ¡Hombres es lo que sois! ¡Y con el amor de la humanidad en vuestras almas! ¡No odièis! ¡Sólo odian los que no se hacen amar, los que no se hacen amar y los inhumanos! ¡¡Soldados!! ¡No batallèis por la esclavitud! ¡Luchad por la libertad! En el dècimo sèptimo capìtulo de San Lucas se dice que el reino de Dios estè dentro del hombre, no de un solo hombre o de un grupo de hombres. ¡Està en ustedes! ¡Vosotros, el pueblo, tenèis el poder, el poder de crear màquinas! ¡El poder de crear felicidad! Vosotros, el pueblo, tenèis el poder de tomar esta vida libre y bella, de hacerla una aventura maravillosa. ¡Por lo tanto, en nombre de la democracia, usemos ese poder! ¡Unàmonos todos nosotros! Luchemos por un mundo nuevo, un mundo justo que a todos asegure la oportunidad de trabajo, que dè futuro a los jòvenes y protecciòn a los viejos. Es por la promesa de tales cosas que los desalmados han subido al poder. Pero, ¡sòlo engañan! No cumplen lo que prometen. ¡Jamàs lo cumpliràn! Los dictadores se liberan, sin embargo esclavizan al pueblo. ¡Luchemos ahora para liberar al mundo, abatir las fronteras nacionales, dar fin al lucro, al odio, a la prepotencia! ¡Luchemos por un mundo de razòn, un mundo en que la ciencia y el progreso conduzcan a la ventura de todos nosotros! ¡Soldados, en nombre de la democracia, unàmonos! Hannah, ¿me estàs escuchando? Donde te encuentres, ¡yergue los ojos! ¿Ves Hannah? ¡El sol va rompiendo las nubes que se dispersan! ¡Estamos saliendo de la penumbra hacia la luz! Vamos entrando en un mundo nuevo, en un mundo mejor, en el que los hombres estaràn sobre la codicia, del odio y de la brutalidad. ¡Yergue los ojos, Hannah! El alma del hombre ganò las alas y al fin comienza a volar. Vuela tras el arcoiris, tras la luz de la esperanza. ¡Levanta los ojos, Hannah ! ¡Levanta los ojos!".

Charles Chaplin, el ùltimo discurso de "El Gran Dictador".



Enviado por Lea

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